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miércoles, 14 de marzo de 2012

Palais Garnier, París

PALAIS GARNIER, PARÍS






La Ópera Garnier, también conocida como Palacio Garnier u Ópera de París es uno de los edificios más característico del IX Distrito de París y del paisaje urbano de la capital francesa. Napoleón III ordenó su construcción al arquitecto Charles Garnier, quien lo diseñó en estilo Neobarroco.


Desde su inauguración en 1875, la ópera fue llamada oficialmente Academia Nacional de Música - Teatro de la Ópera. Conservó su título hasta 1978, cuando fue renombrado Teatro Nacional de la Ópera de París. En 1989 la Compañía de la Ópera  trasladó su sede al recién construido Teatro de la Bastilla y su antigua sede recibió el nombre de Palacio Garnier (Palais Garnier), donde permanece la Academia Nacional de la Música. Comparable a la Scala de Milán, la Wiener Staatsoper y la Ópera Semper de Dresde, el índice inequívoco de consagración y cita inleudible de quienes aman la música.


El rey Luis XIV autorizó al compositor Jean Baptiste Lully para establecer la Academia Real de Música en 1672, la gran institución de arte dramático francesa que comprendía ópera, ballet y música. Aunque la ópera conformó su propia compañía hasta 1669, el ballet de aquel tiempo era simplemente una extensión de ella, desarrollándose de forma independiente del arte dramático. Sin embargo, Luis XIV, uno de los grandes arquitectos del ballet barroco (forma artística que evolucionó a ballet clásico) estableció la escuela de ballet en 1661 como Academia Real de Danza. Desde 1671 hasta la muerte de Lully, la escuela estuvo bajo la dirección del gran maestro de baile Pierre Beauchamp.


El Teatro de la Ópera de París, el Palais Garnier, es uno de los monumentos más importantes de París, además de uno de los teatros de ópera y ballet más visitados del mundo. Lujo y policromía son sus señas de  identidad, y dentro de él ópera y danza conviven desde hace más de un siglo. 








La historia del Palais Garnier comienza con una trágica circunstancia: el 14 de enero de 1858 el emperador Napoleón III y su esposa, y su esposa, la emperatriz Eugenia, al dirigirse a la representación de la Ópera sufrieron un atentado a las puertas del teatro.  El incidente tuvo consecuencias significativas: la primera, el inicio de la guerra entre Italia y Austria, la segunda, la construcción de un nuevo teatro de ópera más amplio y seguro. El 29 de diciembre de 1860 se declaró la construcción del futuro teatro de utilidad pública y se organizó un concurso al que se presentaron la mayoría de los arquitectos relevantes del momento. Contra todas las expectativas resultó ganador un desconocido: Jean Louis Charles Garnier (1825 - 1898), que, aunque había obtenido el primer Gran Premio en Roma en 1848, no había realizado grandes proyectos hasta entonces. 


La construcción comenzó en 1862, pero se demoró hasta 1875, a causa de diversos contratiempos, desde la aparición de aguas subterráneas que fue necesario aspirar, hasta un acontecimiento político de primera magnitud como fue la caída del Segundo Imperio Francés en 1870. Finalmente el Palais Garnier fue inaugurado el 5 de enero de 1875, por el presidente de la Tercera República, el Mariscal Mac-Mahon. con una representación que incluía, entre otras piezas, extractos de las óperas La Judía de Hálevy y Los Hugootes de Meyerbeer. 


El Palais Garnier es un edificio de casi doce mil metros cuadrados, con una altura de 74 metros. Su apariencia es suntuosa, de un lujo comparable al Palacio de Versalles (en realidad, más que solo un Teatro, el Palais Garnier es un verdadero Palacio de la Música), y con un estilo que tiene influencias en la arquitectura griega clásica y renacentista, con un toque de arquitectura barroca, lo que el propio Garnier bautizó como estilo Napoleón III. Estéticamente la policromía y la calidad de los materiales están presentes tanto en el exterior como en el interior: piedras, mármoles y metales que van desde el blanco al granate, desde el verde del cobre oxidado hasta el dorado, terciopelos de un bermellón intenso, jarrones de Sèvres, liras doradas de Apolo por doquier, grupos escultóricos que representan la poesía, la danza, la armonía, candelabros inmensos, mosaicos, frescos y espejos que reflejan cada detalle hasta el infinito...






Entrar en el Palais Garnier y subir la gran escalinata de 30 metros de alto nos lleva a una época donde París daba la medida de lujo y ostentación en toda Europa. En la sala de espectáculos llama la atención el escenario de 60 metros de alto, con un espacio para más de cuatroscientos artistas. Una inmensa araña de cristal, cuyo peso es de unas ocho toneladas, cuelga del techo que, en 1964, André Malraux, por entonces ministro de cultura, encargó al pintor Mar Chagall (1887 - 1985), quien también pintó dos murales para el Metropolitan Opera House. La bóveda de Chagall evoca las grandes obras del repertorio lírico y coreográfico, como Pelleas et Mellisande o Romeo y Julieta, además de representar algunos monumentos de París, como el Arco de Triunfo, la Tour Eiffel y el propio Palais Garnier, siendo tan exuberante como el resto del teatro. 


Además de la belleza, la sala de espectáculos es un modelo de funcionalidad. Garnier no dejó ningún detalle al azar y estudió la acústica de otros teatros de ópera europeos. Le influyeron especialmente los proyectos del arquitecto Victor Louis, autor del Gran Teatro de Burdeos y del Teatro Montasier. Tras los elementos decorativos se esconden las mayores innovaciones técnicas del momento, que han permitido la representación de óperas y de espectáculos de ballet y danza de difícil y complicada producción.


No menos importante son los foyers, donde el público descansaba y paseaba en los entreactos, tan ricamente decorados como los lugares principales. El gran foyer, muy amplio, de casi 20 metros de altura y 60 de largo, es conocido por sus espejos y por  las bóvedas de Paul Baudry que evocan la tragedia, la comedia y la música.


Un teatro de las características del Palais Garnierse prestaba a todo tipo de ensueños y fantasías. Gaston Leroux (1868 - 1927) ambientó en él, y en general en el París del siglo XIX su famosa novela El Fantasma de la Ópera publicada en 1910 e inspirada en Tribly de George du Maurier. El Fantasma es una historia gótica, donde un misterioso habitante del teatro provoca, por un lado, accidentes que aterrorizan al personal y a los gerentes, a los que chantajea para que se estrenen las obras que él compone. Por otro lado, protege, como un verdadero ángel  guardián, la carrera de una joven y bella corista, Christine Daée. Como el amor que siente el fantasma por ella no será correspondido, la historia acaba en tragedia, no sin antes mostrar al mundo que su amada merece dejar los coros y representar los más bellos e importantes papeles líricos como la mejor prima donna. Uno de los aspectos más interesantes de la novela de Leroux, es la importancia de la arquitectura del teatro en la trama de la novela.








Si cuando se cierran las puertas al público y al personal del Palais Garnier, uno podría recorrer libremente sus salas, pasillos y espléndidas habitaciones, tal vez consiguiera llegar al escondite del fantasma de la ópera en los subsuelos y sótanos del edificio. Aun así ese no sería el hallago más interesante: el verdadero secreto del Palais Garnier es la Biblioteca-Museo de la Ópera. Situada en el ala occidental del edificio, en el Pabellón del Emperador, solo pueden acceder a la Biblioteca aquellas personas que poseen un carné de investigador temporal o anual de la Biblioteca Nacional de Francia, ya que es uno de sus departamentos. Recorrer los pasillos del palacio con toda naturalidad hasta llegar a la Biblioteca y allí tener acceso a tres siglos de materiales literarios, musicales e iconográficos de ópera, danza, ballet, circo, mimo...., donde obras anónimas que en su tiempo tal vez brillaron y hoy desconocemos, frecuentan a los grandes compositores, intérpretes, bailarines, escenógrafos, dibujantes, de la historia de las artes escénicas.


La sala donde el investigador puede abstraerse del mundo tiene amplísimos techos, cuadros del museo decorando las paredes y unos grandes ventanales que dan sobre la Plaza de la Ópera, y desde los que se ve el frecuentado Café de la Paix. Los biblioecarios depositan en amplias mesas los manuscritos autógrafos, planos de decorados, bocetos de vestuario y tantas riquezas que no solo no se encuentran en otras bibliotecas francesas o internacionales, sino que incluso el catálogo informático de la Biblioteca Nacional de Francia no recoge. Sin lugar a dudas esos fondos son tan impresionantes como la arquitectura y decoración del Palais Garnier.


Entre los teatros y palacios que se inspiraron en su arquitectura y diseño, podemos encontrar:



  • El Teatro Nacional de Río de Janeirofue inspirado en las líneas y en las formas delo teatro de Garnier
  • El Teatro del Fantasma en el Hotel Venecia de las Vegas, fue construido en semejanza al Palais Garnier
  • La película biográfica María Antonietta de Sofía Coppola ua la entrada principal y la gran escalera de la Ópera en la escena del baile de máscaras, aunque el edificio recién se terminó en 1875, años después de la Revolución Francesa.
  • El Palais Garnier se utilizó en la película animada Anastasia, cuando uno de los personajes observa el Ballet Ruso, representando Cenicienta.
  • El Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México fue realizado con la consigna de rivalizar con la Ópera de París
  • El Aula Magna o Anfiteatro del Colegio Nacional de Buenos Aires está inspirado en la Ópera Garnier
  • EL Segundo Teatro de la Victoria de Valparaiso, Chile, construido en 1886, se inspiró en la Ópera Garnier, siendo una versión más reducida. Esta construcción, lamentablemente, se destruyó con el terremoto del 16 de agosto de 1906.








martes, 14 de febrero de 2012

Los encantadores Cafés de París

LOS ENCANTADORES CAFÉS DE PARÍS




Café de la Flore, París


Mito urbano o lugar real de la vida en la capital francesa, el café parisino reúne en dosis diferentes, dependiendo de la época, cerebro y comida.

Existe todo un lenguaje para descubrir el café en estos espacios: expreso, corto, aguado, y aun expresiones más poéticas como con una nube de leche. Pero aparte del café y su vocabulario hay algo que hace que los cafés parisinos desborden los locales que los contienen, especialmente desde que salen los primeros rayos de sol en primavera, cuando los dueños se las arreglan para instalar en los andenes pequeñas mesas y sillas mirando hacia la calle. 

Las terrazas de los cafés que adornan la Rive droite y la Rive gauche del río Sena dan a París una cara más acogedora en primavera y verano, como si el tiempo transcurriera más lentamente en el murmullo de la ciudad. Este es un paseo por las terrazas de los cafés singulares e insólitos, situados a veces en edificios emblemáticos o en paraisos naturales en pleno París. 


En París, el café y las terrazas son a la vez una institución y un lugar de vida. Los apartamentos, a menudo demasiado exiguos, hacen la fortuna de sus propietarios. El café aparece como una prolongación de la vida casera, llegando a ser para algunos parte de su vida cotidiana. Allí se van para leer el periódico, un libro, meditar, escribir la novela del siglo o terminar el trabajo de la oficina. Algunos adeptos del petit noir (sobrenombre del café cortado) lo toman en la barra del bar, a primera hora de la mañana, antes de empezar la mañana. Al mediodía el café también sirve de lugar de encuentro para una comida rápida, solo, entre compañeros de trabajo o con amigos, en una pausa que, al llegar el buen tiempo se da en la terraza. 


Para muchos, encontrarse en el café es una invitación a la conversación o a las confidencias, en un lugar anónimo, especialmente antes de invitar a alguien a casa por primera vez. 




Les Deux Magots, París 


La cita en el café también es un alto geográfico ya que permite a los parisinos encontrarse a medio camino de sus andanzas por la ciudad. Es entonces, cuando los lugares céntricos y conocidos ganan los favores de todos. Como en el Jardín de las Tullerías, cerca del Louvre, donde cuatro cafés son los más solicitados en primavera y en verano, tanto por parisinos como por turistas, como Dame Tartine. Más lejos el ambiente es más selecto, con el Café Marly, de decoración chic, cuya terraza da a la pirámide del Louvre. Muy cerca, la sombra del Teatro de la Comédie Français reluce sobre La Nemours, en la place Colette. A dos pasos, bajo las arcadas del jardín del Palais Royal varias terrazas tranquilas acogen al parisiense en un ambiente alejado del tiempo. 


El célebre Café de la Paix, en pleno barrio de la Bolsa y las finanzas, no lejos de la Ópera de París, es muy apreciado por los turistas. En el barro de Le Marais, cafés y terrazas como Le Victor Hugo se esconden bajo las arcadas de la plaza de Vosges. A algunos pasos de allí, la terraza de la plaza Saint-Catherine son un recodo de tranquilidad. Pero para huir verdaderamente del ambiente urbano nada como una visita al Jemmmapes, un bar de verano que incita a escapar de las obligaciones cotidianas. 


En la Rive Gauche, como en Montparnasse, con La Closerie des Lilas, o en el Barrio Latino, cerca de la Universidad de La Sorbona, los cafés aparecen como templos de la vida literaria y artística, centros nerviosos de vida intelectual o política como la brasserie Lipp. En Saint-Germain-des-Près , escritores y editores se dan cita, no lejos de las editoriales de barrio como Gaillmard o Grasset. Son célebres los cafés Le Flore y Aux Deux Magots, que incluso dan premios literarios. 






La Closerie des Lilas, París


Situados frente a frente, junto a la ya mencionada iglesia de Saint-Germain-des-Près, el Café de La Flore y el de Les Deux Magots tienen más de un siglo de historia paralela y de lucha por ser el café de referencia de la zona más intelectual de París. El quinquilloso enfrentamiento es palpable con un solo vistazo. El Café de Flore se anuncia en el exterior con letras verdes sobre un toldo blanco, mientras que el vecino opta por letras prácticamente blancas sobre fondo verde. El tapizado de piel roja del primero  obligó a su contrincante a teñir sus butacas de granate oscuro, y si el Café de Flore debe su nombre a una diosa ubicada en una plaza cercana, Les Deux Magots son dos dioses orientales que meditan tras la puerta del local. Los esfuerzos le dieron resultados a Les Deux Magots durante varias décadas en las que Oscar Wilde se acercaba a tomar té y Picasso conoció allí a Dora Maar. El Café de la Flore estaba asociado popularmente con la derecha. 


En el 171 del Boulevard de Montparnasse, tras un frondoso cercado de flores, se esconde La Closerie des Lilas, prototipo de café literario  que parece sacado de alguna película de Lauren Bacall, inspirada en las novelas de Ernest Hemingway. Los enormes espejos,  rodeados de madera de caoba cubana que cubren las paredes de La Closerie fueron testigos de otra de las anécdotas más recordadas, con Alfred Jarry como protagonista. El precursor del teatro del absurdo, decidido a entablar conversación con una dama, , tomó su revólver y disparó tres veces a un espejo. Ante el estupor de la señora, Jarry le susurró: Ahora que hemos roto el hielo, podemos hablar. Los salones en invierno y las dos terrazas en verano suelen estar abarrotados de clientes, y, sobre todo, de turistas.


Bajo el Gran Hotel de París, en la Plaza de la Ópera, las puertas del Café de la Paix, ven cruzarse a diario turistas. El local nació de los planos de Charles Garnier como una prolongación de la Ópera que lleva su propio nombre, y en sus 145 años de vida, hotel, café y ópera han formado un triángulo de cultura y lujo para sus sofisticados clientes. Cada uno de ellos ha nutrido de personajes a los otros dos. El Gran Hotel ha dado cobijo a toda la realeza europea, políticos, escritores y miembros de las altas finanzas. Al aroma del café se mezclaban los músicos, libretistas y directores de escena que tenían en el Café de la Paix su centro de reuniones. Grandes compositores dieron vida en sus mesas de caoba a sus más bellas melodías. El compositor de la Traviata se convirtió en asiduo del café , junto a su compañera, la cantante Giuseppina Strepponi, cuando le encargaron Les vepres siciliennes, una ópera dedicada a la Exposición Universal de 1855.


Finalmente, para ganar visibilidad se impone una visita al último piso del Beaubourg (Centro Pompidou). Allí, el Café Le Georges ofrece una vista sobrecogedora sobre los tejados de París, desde donde siempre se impone un juego: adivinar, desde la terraza, los monumentos que jalonan la capital , como los Inválidos o el Panteón.




Café de la Paix, París

viernes, 2 de diciembre de 2011

Sainte Chapelle, París


SAINTE CHAPELLE, PARÍS



Existen en el mundo monumentos, edificios y accidentes naturales que se destacan por su excepcionalidad, por su valor, y por ser consideradas como algo fuera de lo común. La Sainte Chapelle, también denominada Capilla Real, es un templo gótico situado en la Île de la Cité, en el centro de la ciudad de París. Está considerada una de las obras cumbres del período radiante de la arquitectura gótica. Fue construida para albergar las reliquias adquiridas por el rey Luis IX, por lo que ha sido considerado como un enorme relicario.


El gótico radiante es una de las fases del gótico en Francia, coincidente, en gran medida, con el reinado del rey Luis IX. En estas construcciones la luz se convertirá en el elemento predominante en el interior de los edificios y en función de ella y su significado simbólico y espiritual se conciben el resto de los elementos arquitectónicos. Se intenta liberar los muros de su función sustentante para colocar vidrieras más grandes y más decoradas. De esta manera el edificio también gana en altura y verticalidad.


Según la historia, el rey Luis IX ordenó edificar una capilla para guardar en ella la corona de espinas, parte de la cruz, el hierro de la lanza, la esponja y otras reliquias del martirio de Jesucristo, que habrían sido adquiridaspor dicho rey a Balduino II, último emperador latino en Constantinopla. El rey francés acudió en persona a recibir estas reliquias y entró descalzo en París, depositándolas de forma provisoriaen la Capilla de San Nicolás de su palacio , hasta tanto se construyera una capilla digna de gurdar dichas reliquias. La construcción de la Sainte Chapelle se comenzó probablemente hacia 1241 y fue consagrada en 1248.






El plano original de la capilla data de 1241, y se atribuye a Pierre de Montreuil, quien también ha reconstruido el ábside de la Real Academia de Saint-Denis y completó la fachada sur de Notre Dame de París. Sus dimensiones son de 36 metros de largo por 17 de ancho y 42,5 metros de alto.


Por fuera el diseño es muy sencillo, manteniendo una base sobria de pesados contrafuertes para poder sostener la capilla superior, rica en vidrieras, y con una estructura de materiales pesados muy livianos. El techo en pizarra es dominado por la aguja de cedro, de 33 metros de altura. La Sainte Chapelleestá dividida en dos partes:


La Capilla Inferior: Está dedicada a la Virgen, accesible a la gente común y al servicio del palacio, soporta la capilla superior. El techo, sostenido por infinidad de columnas, soporta el peso de todo el edificio, la capilla baja se construyó por su utilidad funcional y arquitectónica, ya que permitió aliviar al máximo la construcción de la capilla superior y soportar todo el peso de la misma. La superficie tiene una nave de 20 metros de altura. Sobre cada pilastra se levanta la estatua de un apóstol. La esbeltez de las columnas hace que la bóveda parezca más ligera.


LA Capilla Superior: Sus paredes fueron prácticamente suprimidas, reemplazándolas por altos ventanales que dejan pasar la luz. Las vidrieras representan escenas religiosas. Fueron diseñadas situando a los personajes reales según sus respectivos cargos. Las vidrieras constituyen un conjunto homogéneo , los colores dominantes son el azul, el rojo y el amarillo que le dan un color muy característico. Las ventanas de la nave de 15,35 metros de altura por 4,70 metros de ancho están divididas por cuatro ojivas, encima de las cuales hay un rosetón de 6 lóbulos y dos cuatrilóbulos (elemento en forma de trébol de cuatro hojas). Las ventanas del ábside, de 13,25 metros de alto por 2,10  de ancho, solo tienen dos ojivas y tres trilóbulos (elemento en forma de trebol). Las escenas de las vidrieras representan suscesos del Antiguo Testamento.





martes, 15 de noviembre de 2011

Montmmartre, París

MONTMARTRE, PARÍS








A 130 metros de altura, y coronado por la cúpula blanca del Sacre Coeur, Montmartre se extiende por inclinadas calles que aun conservan numerosos resquicios del barrio impresionista que un día fue. En la actualidad, sigue siendo una de las  zonas con más encanto de París, sorprendiendo en cada esquina con sus acogedores cafés, sus viejos edificios, sus coloridas plazas o su ambiente todavía bohemio.


Desde el Moulin Rouge al Sacre Coeur, pasando por sus empinadas y estrechas calles o su famoso cementerio, Montmartre exhala arte por cada uno de sus rincones. Su atmósfera inconfundible es heredadadel París del siglo XIX, época en que el barrio se convirtió en hogar de varios escritores y artistas que encontraban allí el lugar perfecto para desarrollar su libre y bohemia existencia. Nombres como Pablo Picasso, Vincent Van Gogh, Henri Matisse, Pierre Auguste Renoir, Edgar Degas o Toulouse-Lautrec escogieron este lugar como fuente de inspiración. Todavía hoy las calles de París albergan numerosas galerías y museos, y la Place du Tetre se llena todos los días de artistas que venden sus pinturas y hacen retratos de los turistas.


En la Crónica de Fredegario (importante cronista franco, cuyas Crónicas, comouestas por cinco libros son fundamentales para el conocimiento de los reinos francos entre los años 561 y 641), la colina aun se llamaba Mons Mercore (Colina de Mercurio), para pasar luego a llamarse Mons Martis (Monte de Marte), de donde deriva Montmartre (o sea Monte del Mártir), en honor al martirio de Saint Denis, quie fue decapitado allí cerca del año 272.


De origen romano se mencionó por primera vez con ocasión del martirio de Saint Denis, quien fue el primer obispo de Lutetia (París), en el área en donde hoy se levanta la basílica del mismo nombre. En la edad media  fue una zona de conventos, y en 1589 Enrique IV se hospedó aquí durante el asedio a la capital francesa durante las  Guerras de Religión.








Durante la Revolución Francesa, los conventos del municipio fueron destruidos, y en 1871 fue escenario de lucha de la Comuna. Antes de ser incorporado a la Municipalidad de París, Montmartre tenía numerosos viñedos, trigales y pastos para la crianza de las ovejas. 


En la actualidad es un barrio comercial, donde se alojan numerosos cafés y restaurantes, como el Café des 2 Moulins, y cabarets como el Moulin Rouge y el Lapin Agile. El barrio se prolonga desde la Place Pigalle hasta la Iglesia del Sacre Coeur. 


Por otro lado los rusos invadieron Montmartre cuando invadieron París. Ellos utilizaron la altura de la colina para el bombardeo de la artillería de la ciudad. Hay un memorial en uno de los restaurantes de Montmartre en donde se lee lo siguiente: El 30 de marzo de 1814 aquí los cosacos lanzaron por primera vez su famoso Bistro, y por lo tanto, en esta cumbre se produjo el antepasado digno de nuestro Bistro. 


Desde que Montmartre estaba fuera de los límites de la ciudad, libre de los impuestos de París y también porque las monjas locales procedieron a la vinificación, la colina se convirtió rápidamente en un área de consumo popular, convirtiéndose en un centro de entretenimiento de libre circulación y decadente a finales del siglo XIX y principios del XX. En los cabarets populares del Moulin Rouge y Le Chat Noir, artistas, cantantes e intérpretes aparecieron regularmente, como Yvette Gilbert, Marcelle Lender, Aristide Bruand, Mistinguette, y muchos otros más. 








Pablo Picasso, Amadeo Modigliani y otros artistas pobres vivieron y trabajaron en esta comuna, en  un edificio llamado Bateau-Lavoir, entre 1904 y 1909. Se formaron asociaciones artísticas como Les Nabís, y artistas como Vincent van Gogh, Alfred Jarry, Jacques Villon, Henri Matisse, Suzanne Valandon, entre muchos otros, trabajaron y crearon allí algunas de sus obras maestras. Fue también el hogar del compositor Erik Satie, pianista de Le Chat Noir. El último de los artistas bohemios fue Gen Paul (1895 - 1975), amigo de Maurice Utrillo, otro de los pocos famosos pintores que nacieron en el barrio.


El Museo de Montmartre se ubica en la casa donde vivió el pintor Maurice Utrillo. La mansión principal en el jardín trasero es el hotel más antiguo del barrio. Uno de sus primeros propietarios fue Paul Roza (actor quien reemplazó a Molière, también murió en el escenario). Esta casa fue la primera residencia de Pierre Auguste Renoir en Montmartre. Al final de la colina se encuentra el Espace Dalí donde se exhibe el trabajo de dicho artista surrealista. En las cercanías se encuentra la Place de Tetre, donde los artistas realizan sus obras al aire libre, así como el cabaret Lapin Agile.


La película Amélie está ambientada en el Montmartre contemporáneo. En la Rue Vernon 18, se encuentra el Hôtel Clemont, donde vivió Edith Piaf, en 1929, y hace su propio camino como cantante en la calle Pigalle, Ménilmontant y los suburbios de París. Finalmente el barrio de Montmartre está declarado como distrito histórico.